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Isadora réquiem de Mozart,
Isadora se pasea por mi cuerpo, se ha quitado los ojos con la espátula de los óleos, no quiere verme más ha dicho.
Isadora vuelve a nacer como vuelve a morir cuando la sueño, me quitaré los ojos con la espátula de los óleos.
Isadora danza macabra de Saint-Saëns su voz de violín profundo y taciturno ha venido por sus cosas, su voz de violín breve y atribulado desfila por los huecos del apartamento.
Isadora
lo confieso con angustia pero sin culpa, el día de su sepelio la busqué en otro cuerpo, sucede como con los fantasma vivientes de las cosas perdidas en el fondo de los cajones del recuerdo
-por qué no habría de llorarla de ese modo, con el alma, con el cuerpo, con el libídine sangrante, tantearla con mi ciego sexo cual si la invocara-
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